
Dicen los estudiosos que son capaces de sacarle punta a una tabla de lavar, que pedir perdón a las mujeres les reduce notablemente el riesgo de infarto: "y a los hombre qué; que nos la picoté un pollo". El perdón del hombre a la mujer o viceversa, sólo sirve para tranquilizar nuestra propia conciencia: (el daño ya lo has hecho).
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