Escribir Por Afición es un blog personal en el que comento noticias, publico escritos o simplemente escribo sin más. ¡Espero que os guste!
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lunes, 5 de octubre de 2015

POR UNOS PEDOS EN LA CALLE ME VEO.



Un empleado de una charcutería de Nueva Jersey, Estados Unidos ha demandado a la empresa para la que trabajaba por despedirle. El simple y llano motivo de darle puerta, es porque según él se tiraba muchos pedos, aunque la empresa ha alegado que el motivo ha sido puramente económico. Ya se ha perdido hasta ese calor humano del sentir de un pedo bien tirado. A este hombre en vez de despedirle lo tenían que haber incentivado para que esa armoniosa y placentera orquesta pedorra, en vez de decaer, fuese a más vez y se tirare los cuescos con más solera y “tronío”. Unos pedos soltados con gracia y alegría son para quitarse el sombrero. Esas ventosidades que emanan del culo y envuelven el ambiente con eso gases tan melodiosos y simétricos pueden hasta resucitar un muerto. Un pedo puede llegar hasta a ser apasionado y romántico y ser recibido con algarabía y entusiasmo. Muchos han sido los escritores, ensayadores y novelistas que en sus obras se han inspirado expeliendo un sonoro y atronador pedo. Philip RoTh, escritor estadounidense dijo: “Cuando yo me tiro pedos en la bañera ella se hunde y besa las burbuja”: “que cosa más bonita y profunda” “estos pedos son poesía pura”. Además de romper el hielo que motivo y entrañable resultaría cuando a las nueve de la mañana entrara esa señorita en la charcutería, y le dijese al empleado: -buenos días- y este le respondiese tirándose un cuesco. O esa otra señora ya entrada en años, que le dice: -póngame cuarta y media de chorizo- y el dependiente le soltase: “un pum cata pum chin pum” y  desde la otra parte del mostrador retumbara un sonoro pedo: y le dijese -¿señora, al chorizo le quito el pellejo?- el ambiente y la amistad que se entabla en esos momentos, entre clienta y dependiente: “por Dios que eso no tiene precio”. O esa otra tía abuela que llega con el niño de la mano y dice: -por favor me pone siete rodajas  mortadela-, y nuestro entusiasta y pedorro dependiente le suelta –Ufffffffffffffffffff vaya castaña que me acabo de soltar señora:-  le pongo también cuatro morcillas de cebolla-.  Seguro que esa mujer sale del establecimiento con una amplia sonrisa en la cara, dicharachera y dichosa por las atenciones del charcutero y esos apreciados pedos. O ese vecino que vive enfrente de la charcutería y hace treinta años que conoce al charcutero; y le dice: -ponme medio queso curado- y este le espeta:- pues a ti te Vaaaaaaaaaaaaaaaa menuda castaña te envío compañero; –curado no sé si estará, pero caliente desde luego-. Fijo que se echan unas risas, se abrazan efusivamente y esa amistad dura otros treinta años más lo menos. Una injustica, pero una injusticia total lo que han hecho despidiendo a este empleado; cuando un pedo, flatulencia, ventosidad o cuesco tirado en su momento justo y oportuno han encumbrado a la gloria a poetas, artistas, sabios y a gente con mucho talento. Pierre-Thomas-Nicolas HurtauT escribano francés, en un ensayo físico teórico escribió. “El arte de tirarse pedos”, cuyo extracto es el siguiente. “Es en el mundo social donde el pedo puede tener sus mejores desarrollos, ya sea para iniciar una conversación, para hacer callar a un contertulio fatigoso o como salida triunfal en una disputa dialéctica. Hay que ser claro, el pedo es un acto de afirmación existencial solo al alcance de aquellos que han conquistado su libertad más allá de los prejuicios sociales. En resumidas cuentas: hay que peerse mucho, para sentirse libre y sin complejos. Un pueblo  pedorro es un pueblo unido, sin ataduras ni cadenas, y con el metano que expulsa no hay quien tenga cojones de cruzar sus fronteras.      

(Mi gran defecto es la ordinariez, y mi gran virtud es no dejar de serlo).