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martes, 27 de junio de 2017

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO.


NO DEJAR TÍTERE CON CABEZA.
“Se usa para criticar a alguien con saña”,  y también para definir a alguien capaz de tener varios amoríos. Proviene de una escena de la obra de Miguel de Cervantes “Don Quijote de la Mancha”, Don Quijote está viendo una obra teatral con títeres, y pasa de espectador a actor, donde Don Quijote para defender a la protagonista, una princesa de madera y trapo, descabeza a todos los muñecos.

“LLORA COMO MUJER LO QUE NO HAS SABIDO DEFENDER COMO HOMBRE”
Se usa la frase como indica, cuando un hombre se ve incapaz de resolver cualquier asunto delicado, o que resulte transcendental para interés propio. La expresión no está muy definida de cuál es el origen, pero se le atribuye a Aixa madre de Boabdil, el último rey nazarí de Granada tras la conquista de la ciudad por los cristianos en 1.492

ESTAR O QUEDARSE A LA LUNA DE VALENCIA. 
Se utiliza cuando una persona se relaja o se le olvida llevar a cabo una obligación. La expresión viene cuando antiguamente la ciudad de Valencia estaba amurallada, y por seguridad existía un toque de queda para entrar, ya que a partir de dicha hora, las puertas de las murallas se cerraban, y todo a aquel que no llegaba a tiempo se tenía que quedar al raso a las puertas de la ciudad, como observando la luna, ya que hasta el día siguiente no se volvían a abrir: De ahí esa expresión tan popular de “Estar o quedarse a la luna de Valencia”.

A PALO SECO.
Este modismo es también muy utilizado, yo al menos en casa se lo oía decir a mí padre en muchas ocasiones. Se utiliza cuando comemos algo sin beber, o viceversa, cuando se bebe sin comer, y también es muy usado cuando hacemos algo y vamos al grano, sin florituras, ni adornos y directamente al hecho o a la cuestión a tratar. El origen radica en los antiguos marineros; cuando había fuerte temporal en la mar, arriaban las velas para que el barco no navegara sin rumbo fijo, ni se rompieran las velas con el fuerte viento, así quedando el mástil solo nace la expresión “a palo seco”.

DAR LARGAS.
Se usa para eludir cualquier responsabilidad, alegando con esta frase que a nosotros no nos corresponde, o no vemos oportuno hacernos cargo de la situación. El origen nace en el mundo de la tauromaquia, al igual que ha ocurrido con otras muchas frases y expresiones. “Dar largas” se realiza con el capote a una mano, para que pase el toro, y así al torero le dé tiempo a colocarse para realizar otro lance. Las largas más difíciles y peligrosas, es la que da el torero a “porta gayola” Cuando se dispone a recibir al toro de rodillas en la puerta de los toriles, desplegando el capote por encima de la cabeza cuando el toro en su salida, arremete con gran fuerza. 

VETE A HACER PUÑETAS.
Cuando mandamos a alguien “a hacer puñetas” nos estamos refiriendo a que no estamos de acuerdo con él, por sus decisiones o comportamiento.  Las puñetas son encajes que se utilizan en las mangas de ciertas prendas de vestir, y se usan por ejemplo en el ámbito jurídico, y religioso. Antiguamente confeccionarlas era un trabajo bastante costoso y laborioso, ya que todo se realizaba a mano, y con enviar a alguien “a hacer puñetas”, le decimos que durante un tiempo nos deje tranquilo ya que no queremos saber nada de él.

QUE TE DEN MORCILLA.
Antiguamente debido a la cantidad de animales vagabundos que había en las calles, como eran perros y gatos, y a la poca higiene y limpieza de estos animales, unido a la suciedad de los pueblos;  los animales  contraían muchas enfermedades, con el riesgo que conllevaba para los ciudadanos, y para atajar el contagio y epidemias se les echaban unas morcillas con un potente veneno dentro, y cuando los animales se las comían morían. Así pasó al uso coloquial del lenguaje, y cuando ahora decimos “que te den morcilla” es para darle entender a alguien que nos inoportuna o molesta, que nos dejen solos y en paz.  

HASTA EL RABO TODO ES TORO.
Otra locución de las muchas  que hay y que provienen de la tauromaquia. “Hasta el rabo todo es toro, significa que cuando un torero da un pase con la muleta, hasta que la muleta no pasa el rabo del toro, el peligro es eminente, o el pase no sale como el diestro deseaba. Esta expresión pasó al mundo coloquial, para definir que cualquier faceta o empresa que llevemos a cabo, hasta que no finalice, no podemos lanzar las campanas al vuelo, ya que puede surgir cualquier imprevisto y marcharse todo al traste.

  

   
   

 



jueves, 6 de abril de 2017

DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO.


ARMADO HASTA LOS DIENTES.
Esta expresión significa que uno se prepara concienzudamente ante cualquier evento, y no tiene por qué estar relacionado siempre en el ámbito militar, aunque por supuesto también se usa en términos militares para destacar el poder armamentístico de los ejércitos. Su origen radica en los antiguos piratas y corsarios, cuando se lanzaban al abordaje  de las embarcaciones para tener las manos libres y listos para la batalla, portaban puñales en la boca; de ahí la expresión “armados hasta los dientes”.  

SER UN CORNUDO O TENER CUERNOS.
Respecto a esta locución no está nada claro su origen, ya que existen diferentes versiones y no se sabe a ciencia cierta su procedencia. Una de las hipótesis que se barajan, se remonta siglos atrás en los países nórdicos. Se cuenta que los gobernadores de las comarcas, cuando querían tener relaciones sexuales con una mujer, ya que por el puesto que ocupaban, tenían el privilegio de acostarse con quien le diera la gana; ponían en la puerta de la casa mientras se trajinaban a la dama unos cuernos de alce para que no molestasen, y si la mujer estaba casada, el marido enseñaba esos cuernos por todo el poblado, ya que consideraba un honor que el gobernador hubiese estado en su casa Vamos que en aquella época y para aquella gente, que le pusiesen a “uno los cuernos” era un bonito galardón.

AQUÍ HAY GATO ENCERRADO  
Lo usamos cuando sospechamos que alguien oculta algo, que no quiere que se sepa, y su origen deriva del Siglo de Oro español. En aquella época, la gente se guardaba las monedas en una especie de saquito que al parecer estaba hecho con piel de los felinos, y los ladrones observaban  con detalle a la gente que manejaba sus saquitos, cuando guardaban o sacaban monedas, y a modo de contraseña, los ladronzuelos decían; “aquí hay gato encerrado”, para advertir a quién debían robarle.   

CARGAR CON EL MUERTO.
En la época medieval, en muchos territorios europeos existía una ley que dictaba, que si se encontraba un cadáver que había sido muerto de forma violenta, y no se encontraba al asesino, los vecinos del pueblo donde pertenecía debían pagar una multa conjunta, para cubrir los gastos del entierro. Como a nadie le ha gustado nunca pagar impuestos, cuando los vecinos encontraban un cadáver, y no se sabía cómo había fallecido, todos los vecinos del pueblo, antes de que las autoridades lo descubriesen, se ponían de acuerdo; cargaban al muerto, lo transportaban y lo arrojaban al pueblo de al lado, para eludir ellos la multa. La expresión “cargar el muerto, o con el muerto” pasó al uso coloquial para acusar a una persona de algo que él no ha cometido.

DORMIRSE EN LOS LAURELES.
Antiguamente a los emperadores, poetas y generales que volvían victoriosos del campo de batalla, se les coronaba con unas guirnaldas confeccionadas con hojas de laurel. Pero transcurrido un tiempo, ocurría que algunas de esas personas que habían recibido su corona de laurel, se relajaban y ya no hacían nada, y se les decía “que se habían dormido en los laureles”.  Y hoy efectivamente si alguien no hace nada, o falta a sus quehaceres, se le dice: “No te duermas en los laureles”  

jueves, 2 de marzo de 2017

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO.

PONER LA MANO EN EL FUEGO.

La procedencia de esta expresión se utiliza para manifestar el respaldo total  a alguien o a algo. Se remonta a la época en la que se practicaba el juicio de Dios, también conocida como la institución jurídica Ordalía. Ante el tribunal el acusado debía sujetar hierros candentes, o introducir la mano en una hoguera. Si sufría pocas quemaduras significaba que Dios lo consideraba inocente y no podía ser castigado. De ahí la expresión “poner la mano en el fuego”.

A LA VEJEZ VIRUELAS.

Se usa la expresión “a la vejez viruelas”, cuando queremos hacer notar que alguien realiza una actividad impropia para su edad. La viruela era una enfermedad contagiosa que dejaba marcas en la piel, y que afectaba a niños y a jóvenes adolescentes. En 1824 se estrenó la obra del escritor y periodista riojano Manuel Bretón de los Herreros, titulada “A la vejez viruelas”, en la que contaba las peripecias de dos ancianos enamorados acuñando este título para hacer referencia  a los amores tardíos, y según la época impropios de ciertas edades  (por lo juvenil de las actitudes mostradas). Ampliando su significado con el tiempo hasta el actual, abarcando por tanto no solo el campo amoroso.

DORMIR A PIERNA SUELTA.

Usamos la expresión “dormir a pierna suelta”,
para indicar que alguien duerme de manera profunda y durante largo tiempo. El origen radica en los esclavos o presos, a los que se premiaba de manera excepcional por su buen hacer en el trabajo forzado que le ordenaban realizar sus dueños o carceleros, a cuyo cargo estaban. Durmiendo atados solo por las manos (para evitar fugas), dejando los pies de estos libres de grilletes, ya que dormir con grilletes en pies y manos era lo común antiguamente. Y así se les otorgaba el placer de dormir más cómodamente.

DAR LA LATA.  

El origen de esta expresión es muy confusa, aunque según el profesor Fernando Lázaro Carreter, miembro de la Real Academia Española, sus orígenes son castrenses. El profesor Carreter explica así el posible origen de la expresión; “daban la lata”, los soldados viejos que en el siglo XVII, andaban de despacho en despacho mendigando compensaciones a sus cicatrices y a las proezas que habían llevado a cabo, metidos los rollos de quejas y documentos en un tubo de lata. Con el tiempo ello derivo a usar el significado de “dar la lata”, cuando alguien molesta o incordia constantemente.

NO DAR UN PALO AL  AGUA.

Significa ser un vago y proviene del mundo marinero, donde “palo”, se entiende por remo, y los remeros más holgazanes usaban los remos para golpear por encima del agua, por lo cual significaba que no impulsaban los remos.

IRSE POR LOS CERROS DE ÚBEDA.


Esta expresión, se aplica a la persona que se aparte del asunto que se trata cuando se habla, y quiere llevar el tema por otros derroteros. La expresión se remonta al siglo XIII y concretamente al año 1233, en plena Reconquista. El rey castellano Fernando III “el Santo” mandó a uno de sus lugartenientes a vigilar unos cerros cercanos a esta localidad de Jaén. Al llegar allí este militar se encontró a una bella mujer mora de la que quedó prendado, por lo que no finalizó la misión que el rey le había encomendado. Al ser preguntado el monarca sobre lo acontecido, Fernando III respondió que se había extraviado por los Cerros de Úbeda.

martes, 31 de enero de 2017

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO.


“HAY GENTE PA TÓ”.


La popular frase la acuñó el torero sevillano Rafael Gómez  Ortega “El Gallo”, en una fiesta celebrada en un hotel de Madrid cuando le presentaron a José Ortega y Gasset. El diestro sevillano preguntó: quién era “aquel gachó con pinta de estudiao”, a lo que le respondieron; “es filósofo”, ¿Filo qué, ezo qué e?... dijo el matador. Y ya le explicaron a groso modo que era un señor que analizaba el pensamiento de la gente. “El Gallo” estupefacto y tras unos segundos de silencio, espetó con mucha gracia “Hay gente pa tó”.  Hay quienes atribuyen la frase a toreros de época anteriores al diestro sevillano, pero según reza en libros de tauromaquia quien realmente la dijo fue “El Gallo”. De hecho hay fotos de archivo en las que están conversando juntos, “El Gallo” y Ortega y Gasset. Muchos dirán que tratándose de un torero y más en aquellos tiempos sería analfabeto; yo no sé si lo sería o no; pero hoy en día le preguntas a mucha gente que a qué se dedica un filósofo y no te saben contestar.   

TIRAR DE LA MANTA.


Según aparece en la historia de la legislación de Marichalar y Manrique (1868), en los siglos XVI y XVII, en algunos lugares de Navarra, se llamaba mantas, a unos enormes lienzos colgados en las paredes de las iglesias en los que aparecían escritos los nombres y apellidos de las familias de los judíos convertidos, y que habían permanecido en territorio cristiano tras la expulsión de los demás judíos. Y en ese contexto “tirar de la manta”, significaba investigar posibles falsas conversiones. Y de este modo quedó la expresión que utilizamos ahora, para sacar a relucir los asuntos sucios de la gente.

TIRAR LA CASA POR LA VENTANA.

Hoy utilizamos la expresión “tirar la casa por la ventana”, cuando queremos decir que nosotros o alguien derrocha el dinero sin medida. El origen de la expresión nace en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III que decidió implantar el juego de la lotería en España en el año 1763. Los premios que se obtenían eran muy suculentos, y a la gente que le tocaba si había tenido una vida de penurias económicas, de la alegría que le daba tiraba por la ventana muchos enseres viejos a sabiendas de que con el dinero que les había tocado ya tenían el resto de su vida resuelto.

NO DAR EL BRAZO A TORCER.

El origen de la expresión radica cuando dos contrincantes se sientan en una mesa uno frente a otro para echar un pulso, hasta que uno de ellos consigue que su adversario doble el brazo y toque con la mano la mesa, en ese instante el otro resulta vencedor. Desde entonces se dice que uno “no da su brazo a torcer” cuando se mantiene recto ante cualquier situación, y no se deja convencer ni por nada ni por nadie, porque al igual que echando un pulso quien dobla el brazo pierde.

MANDAR AL CARAJO.

Los mástiles de las carabelas españolas tenían una canastilla a la que los marineros llamaban “carajo”. Cuando alguien del barco cometía una infracción lo mandaban al “carajo” como castigo. De ahí las expresión “Vete al carajo”. Además según la Real Academia Española, el “carajo” es otra forma de llamar al órgano sexual masculino. Los marineros que mandaban al “carajo”, que era la punta más alta del mástil, solían estar unas dos horas, y debido al constante movimiento de la embarcación, bajaban muy mareados, y ese era el castigo ya que luego durante dos días permanecían tranquilos y dejaban de molestar.

SER MÁS CHULO QUE UN OCHO.    

Utilizamos esta expresión cuando queremos decir que alguien viste, habla o se comporta con cierta soberbia, y su origen se remonta a principios del siglo XX en la Comunidad de Madrid, donde los madrileños y madrileñas, se vestían de chulapos y chulapas para celebrar la festividad de San Isidro el Labrador. La fiesta se celebra por la pradera de San Isidro, y para desplazarse hasta allí tomaban el tranvía número 8 y desde entonces se usa la expresión.

     



  








martes, 25 de octubre de 2016

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO.


DAR EN EL CLAVO.
Antiguamente existía un juego infantil, llamado hito, que consistía en fijar un vástago a cierta distancia de los participantes, desde cuyo punto éstos arrojaban, a tiento, unos tejos anillados de hierro. Así, pues, dar en el hito equivalía a acertar. Y comoquiera que el hito solía ser también de hierro, por lo regular un clavo, dar en el hito a dar en el clavo vino a ser la misma cosa. De donde esta última expresión, por analogía se hizo extensiva al hecho de atinar en la averiguación de alguna cosa complicada y difícil.

LA BIBLIA EN VERSO.
En el año 1839 vino al mundo en Igualada (Barcelona) un hombre llamado José María Carulla. Fue abogado, servidor del pontífice Pío IX y versificador fecundísimo, a quien en pago por el ambicioso empeño de poner la Biblia, o siquiera parte de ella, en verso, la Santa Sede habría de distinguir con una Cruz de mérito. Desgraciadamente, la tarea, ingente en sí misma, aún lo sería más para el numen de Carulla, a quien Dios, aunque otra cosa creyese él, no le había llamado por el camino de la poesía. Así, pues, el resultado del empeño materializado en sesenta y tres volúmenes vino a ser un fárrago inaudito de ripios, que durante bastante tiempo fue motivo de broma en todos los cenáculos literarios. Tanto, que desde entonces decir la Biblia en verso se hizo equivalente de todo aquello que, por su prolijidad y confusión, resulta indigerible.

PELILLOS A LA MAR.
El acto de arrancarse pelos en común y arrojarlos al viento ha tenido siempre un significado de reconciliación. Así lo hacían los griegos del período clásico y así lo hacen, aún hoy, los niños andaluces, cuando quieren sellar sus diferencias. Toman los pelos en la palma de la mano y, soplando, exclaman “¡Pelillos a la mar!” Trasladada al lenguaje común, la frase mantiene su primitivo significado y se usa para sellar cordialmente el olvido de cualquier agravio.

VERSELE EL PLUMERO.
En 1820, como resultado del triunfo de la revolución liberal, que el rey Fernando VII hubo de acatar con todas sus consecuencias, el nuevo gabinete se apresuró a crear un cuerpo de voluntarios la Milicia Nacional, llamado a defender los ideales progresistas del nuevo orden. En el uniforme de estos milicianos destacaba, por su extremada longitud, el penacho, o plumero, que servía de remate a los morriones. Como pretexto de este llamativo apéndice, los conservadores no tardaron en poner en circulación el dicho vérsele el plumero para denunciar punzantemente en cualquiera todo asomo de adhesión o complacencia con la causa liberal. Despojado de su intencionalidad banderiza, hoy se utiliza por lo general con propósito de evidenciar en alguien cualquier tendencia o inclinación recusable no bien encubierta. 

TOCARLE A UNO LA CHINA.
La primera acepción de la palabra china, según el Diccionario, es la piedra pequeña con la que los muchachos echan suertes antes de comenzar ciertos juegos. Según esta práctica, como es sabido, pierde aquel que acierte a señalar la mano en que se halla encerrada la piedrecita, de donde vendrá obligado a pechar con el papel más enojoso del juego. De ahí justamente proviene la frase tocarle a uno la china, que, por analogía, suele aplicarse a quien, por mala suerte, le corresponde en cualquier asunto la parte más ingrata y pesada. 

SALVARSE POR LOS PELOS.
En el pasado, el oficio de marinero no aparejaba necesariamente la obligación de saber nada, y de hecho eran muchos los hombres de mar que no sabían. De ahí que cuando un día, el jefe de cierto Cuerpo de la Armada, aconsejado por razones de higiene, dio orden de cortar el pelo a rape a todos sus hombres, se alzase entre éstos un clamor de protesta, que elevaron incluso a la Superioridad, arguyendo que con ello se privaba de un asidero importantísimo en caso de naufragio, dado que así, agarrándoles por el pelo, eran salvados muchas veces de una muerte segura. El ruego, curiosamente, fue atendido nada menos que a través de una Real Orden, expedida en 1809. Tal es el origen de la expresión salvarse por los pelos, que hoy reservamos para poner de relieve la circunstancia del que logra salir de una apuro extremo en el último momento.



miércoles, 17 de junio de 2015

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO. VII PARTE.

ERRE QUE ERRE.

No está claramente averiguado el origen de este modismo, con el que se expresa la actitud porfiada y tenaz de cualquiera en la ejecución de algún empeño. Por lo común, se cree, sin embargo, que proviene de la dificultad con que a menudo tropiezan los niños y, muy especialmente, los extranjeros para pronunciar correctamente el sonido canino de la R castellana. Dado que ello se consigue mediante un ejercicio fonético tenaz y perseverante, parece presumible que el dicho estar erre que erre provenga, por analogía, de la citada dificultad.

¡A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES!

Instituida durante la Edad Media y reformada después por los Reyes Católicos, la llamada Santa Hermandad era el cuerpo de policía rural encargado de perseguir y juzgar a los malhechores comunes. Sus miembros los cuadrilleros vestían un uniforme caracterizado por el color verde de las mangas. Y si bien es cierto que, en sus comienzos, ese cuerpo armado prestó destacados servicios en la represión de la delincuencia, no lo es menos que, andando el tiempo, se relajó su disciplina, viniendo a perder el prestigio de que gozaba. Tanto que, entre la suma de descréditos acumulados, llegó a ser fama que los cuadrilleros, o “mangas verdes”, como se les llamaba también, jamás comparecían a tiempo donde eran requeridos, extremo que hizo proverbial el modismo ¡A buenas horas mangas verdes!, aplicado hoy, por analogía, a cualquier remedio o auxilio que llega fuera de tiempo y, por tanto, inútilmente.  

ANDAR AL RETORTERO.

Tortera era la rodaja que las hilanderas acomodaban en el remate del huso, de manera que girase con éste para retorcer la hebra. De ahí que retortero, por derivación, significase vuelta alrededor, si bien este término vino a usarse de modo adverbial, esto es, al retortero. Así nació el modismo andar, o traer al retortero, para designar la actitud de quien se mueve desasosegadamente, solicitado por múltiples ocupaciones, a menudo engañosas y estériles.

EL TIEMPO DE LAS VACAS GORDAS.

Refiere la Biblia que una vez el faraón tuvo un sueño tan singular como inquietante: vio cómo siete vacas gordas eran devoradas por otras tantas flacas. Desasosegado por aquella visión, convocó a los adivinos y agoreros más renombrados del país, pero ninguno de ellos acertó a dar satisfactoria interpretación de la pesadilla. En vista de lo cual, hizo que compareciese José, hijo de Jacob y de Raquel, que se hallaba en prisión, y éste explicó que las siete vacas gordas simbolizaban a los siete próximos años, que serían de abundancia, en tanto que las siete vacas flacas, la escasez y penuria que seguiría durante otros siete. En este pasaje está inspirada la gráfica frase tiempo de las vacas gordas, con la que se alude de ordinario a cualquier periodo por lo regular, breve de prosperidad material.

EMPINAR EL CODO.

El acto de beber, ya sea con vaso, ya con porrón o bota, impone, lógicamente, la necesidad de levantar el codo hasta un determinado nivel. De este simple hecho procede la locución peyorativa empinar el codo, o lo que es lo mismo, aupar, alzar el codo al máximo, de tal manera que la bebida se precipite en la boca con mayor facilidad. De ahí que empinar el codo ha venido a significar metafóricamente tomar, en gran cantidad, cualquier clase de bebida alcohólica. En otras palabras: ser un borracho.

ATAR LOS PERROS CON LONGANIZA.

A principios del siglo XIX, vivía en el pueblo salmantino de Candelario un acreditado fabricante de embutidos, llamado Constantino Rico, alias El Tío Rico, el choricero, cuya estampa inmortalizaba Bayeu en un famoso tapiz existente en el Palacio de El Pardo. El tal Rico tenía establecido el obrador en los bajos de su casa, al cuidado de numerosas obreras. Un día, una de éstas, apremiada por las circunstancias, tuvo la peregrina ocurrencia de atar a la pata de un banco, con una ristra de longanizas, a un perrillo faldero que correteaba por el taller. A poco entró un muchacho, hijo de otra operaria; contempló con estupor al gozque y su atadura y, una vez en la calle, le faltó tiempo para difundir la noticia de que en casa del Tío Rico se ataban los perros con longaniza. La expresión, ni que decir tiene, hizo fortuna y, desde entonces, empezó a utilizarse como hipérbole irónica de opulencia y derroche.      
 




miércoles, 7 de agosto de 2013

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO VI PARTE.



DAR PALOS DE CIEGO.

La ceguera, aparte de constituir una tremenda desgracia para quien la sufre, ha sido siempre motivo de hilaridad y pretexto de expresiones divertidas. Lo prueba el hecho de que en el pasado existían no pocos juegos populares cuyo fundamento estribaba en privar ocasionalmente de la visión a los participantes. Tal era el caso de “la gallina ciega”, y , en especial de la “piñata”, juego que llegó a dar nombre a un día (el llamado Domingo de Piñata), en cuyos festejos se vendaban los ojos de los participantes y éstos, armados de un palo, la emprendían a garrotazos contra una cazuela de barro pendiente de un hilo. Cuando, alcanzada por un garrotazo certero, la vasija se desventraba derramando su contenido, agua o menudas golosinas sobre el autor del golpe, la gente estallaba en bullicioso jolgorio. De estas expansiones, no extinguidas del todo, procede la frase dar palos de ciego, con la que suele significarse el perjuicio que a menudo se sigue de proceder sin tino y a lo loco en cualquier asunto delicado.

ENTRAR CON PIE DERECHO.

Esta expresión, que utilizamos para significar el comienzo correcto y favorable de alguna cosa, aunque comúnmente se la cree forma residual de alguna práctica supersticional, lo cierto es que tiene su origen en la rúbrica de los Misales, donde, por arcanos motivos, se prescribe que el celebrante, una vez recitado el Introito y al disponerse a subir las gradas del altar, inicie el paso con el pie derecho.

IR DE PUNTA EN BLANCO.

En los antiguos usos caballerescos, ir de punta en blanco significaba llevar desnudas y listas para el ataque todas las armas del arnés, las cuales, por ser de acero bruñido, centelleaban al sol con una blancura resplandeciente. Por analogía, el modismo, al correr del tiempo, vino a aplicarse también al acto de vestir suntuariamente, bien de uniforme o de etiqueta, y con el máximo esmero, tal y como se utiliza comúnmente en el lenguaje familiar.

HAY MOROS EN LA COSTA.

Sabido es que durante siglos el Levante español fue objeto de frecuentes depredaciones por parte de los piratas berberiscos. Los pueblos ribereños, a causa de ello, vivían en continua zozobra y para prevenir el peligro se levantaron a lo largo de la costa numerosas atalayas de mampostería ciega, a las que se ascendía por medio de escalas de cuerda susceptibles de ser retiradas. Desde lo alto de estas torres vigilábase el ancho horizonte, y no bien se avizoraban las velas berberiscas, el centinela de turno rompía a gritar ¡Hay moros en la costa! Sonaba la campana, encendíanse hogueras de señal, y las gentes, alertadas, se apercibían para la defensa. El sistema perduró hasta muchos años después, cuando fue ajustada la paz con los reyezuelos de Berbería. Pero el proverbial grito de ¡Hay moros en la costa!, pasó a ser expresión familiar para llamar a la cautela ante cualquier clase de suceso peligroso.

SON HABAS CONTADAS.

En el pasado, era costumbre hacer las cuentas domésticas por medio de alubias, así como fiar a éstas en su doble calidad de blancas y negras, las pruebas de suerte por extracción. De ahí proviene el dicho son habas contadas, que hoy utilizamos metafóricamente para indicar que una cosa es clara y exacta en número, sin posibilidad de reajuste o modificación alguna.

ESTAR EN BABIA.

Babia es una apartada comarca leonesa, poco feraz y bastante abrupta, en cuyo término se asientan hoy importantes pantanos de aprovechamiento hidroeléctrico. Durante al Edad Media, al parecer, abundaba allí la caza, y los reyes de León eligieron aquel lugar como punto de reposo, huyendo de los negocios de la Corte, harto complicados con las intrigas de los nobles, empeñados en instaurar un régimen feudal semejante al de la Europa septentrional. Estas ausencias del monarca motivaban a menudo la inquietud de los vasallos, a quienes, cuando preguntaban por él, se les respondía evasivamente que el rey estaba en Babia. La expresión se hizo proverbial y así pasó al lenguaje común para significar toda disposición de ánimo desentendida, adrede o involuntariamente, de cualquier quehacer acuciante.




lunes, 17 de junio de 2013

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO V PARTE.



ANDAR A LA SOPA BOBA.

En tiempos pasados era costumbre de ciertos monasterios y conventos repartir a mediodía, entre mendigos y estudiantes menesterosos, escudillas de caldo salpicado con mendrugos de pan, al que se llamaba sopa boba. A los estudiantes que sólo con eso se sustentaban, se les llamaba sopistas, y, por extensión, el dicho de “andar a la sopa boba”, concluyó por aplicarse a la conducta de todo aquél que, por holgazanería, vive regaladamente a costa de otro sin el menor escrúpulo.

ENTRE PINTO Y VALDEMORO.

Pinto y Valdemoro son dos pueblos vecinos, próximos a Madrid, cuyos vinos, en otro tiempo, rivalizaban desigualmente en reputación. Un refrán de la época lo pone así de manifiesto: “Vino tinto; si no lo hay de Valdemoro, démelo Pinto”. Es fama que de esta pugna competitiva proviene el dicho de “estar entre Pinto y Valdemoro”, con el que se da a entender, según los casos, bien que alguien está medio borracho, bien que vacile entre dos opciones o puntos de vista.

CAMBIAR LA CHAQUETA.

Durante los días de las llamadas guerras de religión, promovidas con motivo de la Reforma luterana, se hizo usual que los partidarios de cada facción, para distinguirse externamente de sus adversarios, vistiesen casaca o jubón de color y traza diferentes. Dado que el forro de estas prendas era, por lo general, de color distinto, en determinadas circunstancias los parciales de uno y otro bando, bien para desorientar al adversario, bien para hacerse pasar por correligionario cuyo, volvían las casacas del revés. A esta treta, muy usada por entonces, se llamó volver la chaqueta. Andando el tiempo, con sentido análogo, el dicho se transformó en “cambiar la chaqueta”, que hoy utilizamos para apostrofar a quien, a favor de las circunstancias, muda repentinamente de opinión o de actitud política.

TENER MUCHOS HUMOS.

Entre los romanos distinguidos era costumbre inveterada adornar el atrio de las viviendas con los bustos y retratos de toda su ascendencia, los cuales, por efecto del humo y del paso del tiempo, adquirían una coloración oscura, de la que los moradores solían ufanarse tanto más cuanto más intensa era esa pátina de ranciedad. De ahí procede las expresión “tener muchos humos”, que hoy aplicamos análogamente para afear la actitud de quien se conduce con engreimiento y presunción inmoderada.

AHÍ ME LAS DEN TODAS.

Se cuenta que un alguacil, por orden del juez, fue una vez a ejecutar un mandamiento. Sucedió, sin embargo, que las cosas se le pudieron cuesta arriba, y en lugar de cobrar la multa que pretendía, cobró dos rudos bofetones. Confiando en mover la cólera del juez contra el agresor, regresó al juzgado, relató a su superior lo sucedido y acabó por decir que los bofetones de marras, bien mirados, se los habían dado a él, al señor juez, en su propia cara. El juez, hombre de buen humor sin duda, le oyó pacientemente y vino a decir: Cierto. “Pero ahí me las den todas”. La frase, con análogo sentido socarrón, se utiliza comúnmente para dar a entender que a uno le son indiferentes los reveses y desgracias ajenas.

VISTEME DESPACIO QUE TENGO PRISA.

El emperador Augusto solía exhortar así a sus servidores: Apresúrate lentamente. Este sabio consejo mantendría, bajo diversas variantes, plena vigencia a través de los tiempos, de tal manera que una de ellas “Vísteme despacio, que tengo prisa”, suele atribuirse indistintamente a los monarcas españoles. Carlos III y Fernando VII. Sea como quisiera, la frase ha pasado al dominio público para encarecer a otro que proceda con sosiego en la ejecución de algo delicado, puesto que el apresuramiento, lejos de abreviar, suele entorpecer y aun malograr los mejores propósitos.











miércoles, 8 de mayo de 2013

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO IV PARTE.




DAR GATO POR LIEBRE.

Siempre, con mayor o menor frecuencia, ha pesado sobre las hospederías dudosa fama, en materia de comida. La literatura está llena de alusiones, y las más irónicas sobre este particular. Era tanto el descrédito de esos establecimientos que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo al yantar, en que aquéllos, puestos en pie, recitaban así delante del asado: “Si eres cabrito, mantente frito, si eres gato, salta al plato. Ni que decir tiene que por virtud de este conjuro jamás llegó a aclararse sospecha alguna de superchería, pero la expresión “dar gato por liebre” sí se asentó sólidamente en el lenguaje como equivalente de engaño malicioso por el que se da, bajo apariencia de legitimidad, alguna cosa de calidad inferior.

PASAR LA NOCHE EN BLANCO.

Conforme a los antiguos usos de la Orden de Caballería, el neófito que se disponía a ingresar en la Orden debía permanecer en vela toda la noche anterior a la ceremonia, revestido con una especie de sayal blanco, que simbolizaba la pureza de intenciones exigible al aspirante para recibir dignamente el espaldarazo ritual. Este “pasar la noche en blanco”, de los antiguos caballeros acabó por transfundirse al habla popular como frase sinónima de pasar la noche desvelado, sin dormir, a causa de cualquier desasosiego o molestia ocasional.

DAR EL JICARAZO.

Jícara es un vocablo de origen mejicano. Significa taza o vaso, hechos del fruto seco de la güira, en los que las damas de los tiempos virreinales gustaban de tomar el chocolate. Era tanta a la afición de aquellas señoras por el chocolate que incluso lo tomaban en la catedral, durante los oficios religiosos. A la vista de tamaño abuso, el obispo don Bernardino Salazar y Frías, tras infructuosas advertencias, llegó a amenazar con la excomunión a las golosas damas, pero estas, lejos de intimidarse, no sólo desafiaron al prelado, sino que un días amotinaron a los suyos contra él. El asunto terminó con la muerte súbita del obispo, al parecer envenenado con un bebedizo disuelto, bajo mano, en una jícara de chocolate. De este inaudito suceso procede el dicho “dar el jicarazo”, como sinónimo de matar por envenenamiento.

LOS MISMOS PERROS CON DISTINTOS COLLARES.

Sabido es que, como resultado de la revolución liberal de 1820, el rey Fernando VII hubo de jurar la Constitución de 1812, proclamada por Riego en Cabezas de San Juan. Con tal motivo se constituyó en Madrid una milicia popular, afecta a la causa revolucionaria. Pero tres años después, al restablecerse el absolutismo, aquella milicia fue disuelta y sustituida por otra de voluntarios adictos a la nueva situación. Cuando poco después el rey pasó revista por primera vez al nuevo cuerpo, formado ante Palacio, al punto echó de ver que los rostros de los gendarmes eran, en su mayoría, los mismos de la recién disuelta milicia liberal. Vuelto hacia uno de los gentilhombre que le acompañaban, el monarca comentó socarronamente: A lo que veo, son “los mismos perros con distintos collares”. La frase real hizo fortuna y se usa desde entonces para expresar el desencanto causado por alguna situación en la que, bajo apariencia de renovación, se mantienen los mismos vicios y defectos que se trataba de desterrar.

ECHAR A UNO LOS PERROS.

En la antigua lidia, cuando un toro se mostraba remiso en embestir, se echaba al ruedo una jauría de perros adiestrados, los cuales, a fuerza de mordiscos y ladridos, hostigaban a la res, que finalmente era condenada a la puntilla. De este lance, que el público solía pedir al grito de “¡Perros! ¡Perros!”, proviene la expresión “echar los perros”, como el equivalente del acto de acosar y hostigar a alguien en razón de su pasividad u omisión culpable.

MÁS FEO QUE PICIO.

Picio fue un zapatero andaluz que vivió en Granada a mediados del siglo pasado. Convicto y confeso de graves delitos, se le condenó a muerte, pero cuando se disponía a subir al cadalso le fue conmutada la pena. Tal impresión causo en Picio la noticia del indulto, que en pocos días perdió el pelo, cejas y pestañas, además de poblársele el rostro de horribles bultos. Cuando recobró la libertad, el zapatero, horrorizado por su aspecto, buscó refugio en la vecina villa de Lanjarón, donde es fama que no acudía a la iglesia por quitarse el pañuelo con que ocultaba sus deformidades. De este insólito suceso brotó el dicho comparativo “ser más feo que Picio”, que los andaluces, tan dados a la hipérbole, suelen redondear así: ...Al que le dieron la Unción con una caña para no asustar al cura.

















lunes, 15 de abril de 2013

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO. III PARTE.




SER CHIVO EXPIATORIO.

Entre los antiguos judíos era práctica ritual que el Gran Sacerdote, el Día de la Expiación, pusiese las manos sobre la cabeza de un macho cabrío, el Azazel, imputándole todos los pecados y abominaciones del pueblo israelita. Tras esta ceremonia, el macho era devuelto al campo, en el valle de Tofet, donde la gente le perseguía entre gritos, denuestos y pedradas. Por analogía, entre nosotros se denomina “chivo expiatorio” a aquel sobre quien se hace recaer toda la culpa de una falta colectiva.

ARMARSE LA GORDA.

La Revolución unionista de 1868, de cuyas resultas Isabel II hubo de abandonar el país, vino precedida de un vivo rumor callejero, en el que, bajo el sobreentendido castizo de “la Gorda”, se proclamaba a los cuatro vientos la inevitabilidad del acontecimiento. La gente aludía a “la Gorda”, como a cosa hecha. “La Gorda está en puertas... Se va a armar la Gorda... ¡ya está ahí la Gorda!...Y la Gorda, en efecto, sobrevino en septiembre de aquel año, bajo el pronunciamiento militar de Topete, en Cádiz, y de Prim, en Madrid. El acontecimiento pasaría a la historia con el pomposo sobrenombre de La Gloriosa, de efímera resonancia, pero en cambio el castizo alias de “la Gorda”, quedaría para siempre en el lenguaje como forma alusiva a cualquier acaecimiento público ruidoso y multitudinario, en especial de índole política.

PASAR MÁS HAMBRE QUE UN MAESTRO DE ESCUELA.

Aunque hoy nos parezca increíble, lo cierto es que hasta 1901, en que el Conde de Romanones acometió, desde el poder, decisivas reformas en la Instrucción Pública, la condición de la mayoría de los maestros españoles era a menudo no ya calamitosa, sino de extrema indigencia, en muchos casos. La retribución del Magisterio corría a cargo de los Ayuntamientos, y dado que estos, en buena parte, carecían de los recursos necesarios, de hecho, en ocasiones, llegaba a adeudarse a los profesores hasta cinco años de sueldo. En tales condiciones, excusado es decir cuál sería la penuria de aquellos hombres para sobrevivir. Algunos, literalmente, llegaron a morirse de hambre, y otros, los más, apenas si malvivían de la caridad pública. No es, pues, sorprendente que llegara a hacerse proverbial el dicho comparativo “pasar más hambre que un maestro de escuela”, que aun hoy se mantiene en uso para aludir sarcásticamente al mal pasar de una determinada persona.

VALE LO QUE PESA.

Entre algunos pueblos bárbaros de la antigüedad, cuando un hombre mataba a otro, el matador venía obligado a pagar, en oro o plata, el peso de la víctima a los parientes de ésta. Aquella costumbre acabó por trasladarse al plano piadoso, de tal manera que los parientes de un enfermo ofrecían a la providencia, por su restablecimiento, el peso de aquél en plata, cera, trigo, etc. Significado análogo tenían, y aún tienen los exvotos, que la piedad de los fieles ofrenda a la Virgen o a algún santo, en los templos. Asimismo, entre los ismaelitas parsi de la India subsiste la costumbre de regalar anualmente a su jefe espiritual, el Aga-Khan, su peso en oro. Todos estos antecedentes dieron pie al dicho “vale lo que pesa, utilizado para ponderar la valía moral, intelectual o práctica de alguna persona en particular.

NO SABER NI JOTA.

La letra J, proviene de las lenguas primitivas del Medio Oriente; (hebreo, caldeo, siraco) era la más chica de aquellos alfabetos, por lo que el nombre de ella llegó hasta nosotros como equivalente de cosa pequeña e insignificante. En la escritura hebrea, además, la “iod”. la jota participaba como rasgo inicial de toda letra. De donde el modismo negativo “no saber ni jota”, alude a la extrema ignorancia de alguien en una cosa determinada.

DE TIROS LARGOS.

Antiguamente, en España cada cual era libre de uncir a su coche el número de caballerías que tuviese a bien; pero, en cambio, nadie sino el rey y algunos dignatarios de la Corte tenían derecho a colocar el tiro delantero a mayor distancia que los traseros, alargándolo, al efecto, por medio de largas correas de cuatro o cinco varas. A este tipo de arreo se le llamaba “tiros largos”, y el modismo pasó, por extensión, al lenguaje familiar para designar el vestido de gala o cualquier otro atuendo ocasional, esmerado y lujoso.








jueves, 7 de marzo de 2013

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO III PARTE



QUIEN SE FUE A SEVILLA, PERDIÓ SU SILLA.

Reinando en Castilla Enrique IV de Trastámara, un sobrino del arzobispo de Sevilla don Alonso de Fonseca fue designado arzobispo de Compostela, pero presumiendo don Alonso que, a causa de las revueltas que agitaban por entonces a Galicia, al sobrino le costaría Dios y ayuda posesionarse del cargo, convino con él en marchar por delante a Santiago para allanarle las dificultades y que, en tanto, el sobrino le supliese en los negocios de la silla hispalense. Así se hizo, en efecto, con el mejor resultado, pero he aquí que cuando don Alonso, concluida su gestión, regresó a Sevilla, se halló con la desagradable sorpresa de que el sobrino se resistía a abandonar la sede que regentaba. Para reducirle se hizo necesaria la intervención papal y aun la del propio rey Enrique. De tal suceso, muy comentado en su tiempo, arranca el dicho “quien se fue a Sevilla, perdió su silla”, con que usualmente se desaconseja el hecho de descuidar, por ausencia, cualquier ocupación o lugar preferente.


DARSELA CON QUESO.


Antiguamente era usual la expresión “armarla con queso”, con referencia a las ratoneras, o trampas para caza de ratones, en cuyo armadijo se colocaba un trozo de queso para atraer así el apetito de los roedores, muy golosos de este producto. Por analogía, el dicho vino a acomodarse metafóricamente al lenguaje popular con el significado de cebo, ardid o engaño mediante el cual una persona atrae a otra para conseguir un fin interesado.


TRAGAR EL PAQUETE.


Durante mucho tiempo, los cigarros puros en España, se expendían en mazos de seis unidades, desprovistos de toda envoltura, lo que permitía al consumidor examinar concienzudamente el producto antes de adquirirlo. Pero un buen día, la Compañía Arrendataria de Tabacos resolvió anular este sistema y ofrecer los cigarros guardados en estuchen, que sólo a través de una pequeña abertura mostraban el contenido. La innovación causó no poco desagrado entre los fumadores, y a favor de ese malestar se puso de moda la frase “tragar el paquete”, con la que se daba a entender que al usuario no le quedaba otra alternativa que aceptar como bueno, aunque no fuese, el tabaco empaquetado. El dicho, así, no tardó en hacerse extensivo a toda forma de imposición arbitriana y abusiva, tal como hoy lo utilizamos.


NO HAY TU TÍA.


En la medicina antigua, el hollín resultante de la fundición y purificación del cobre era elaborado en forma de ungüento, al que se atribuían excepcionales virtudes curativas para ciertas enfermedades oculares. Este ungüento, llamado, según donde, tutía, atutia o atutía, aparece citado con frecuencia por los publicistas de la época. Tanto llegó a ser el prestigio de esta panacea, que el sentir popular, tomando pie de ello, acabó por acuñar, bien que deformada, la expresión “no hay tu tía”, para dar a entender que algo, por su dificultad u obstinación, es imposible y sin remedio.


DAR EL PEGO.


Esta frase, sacada de los juegos de naipes, alude a la fullería, usual entre los tahúres, de manipular las cartas subrepticiamente, pegándolas entre si a conveniencia mediante el empleo habilidoso de sustancias untuosas, conocidas vulgarmente con el nombre de pego o cerote. De ahí que dar el pego haya venido a ser, en el lenguaje común, sinónimo de engañar a otro, sorprendiendo su buena fe con ardides malévolos.


TOMAR LAS DE VILLADIEGO.


Pocos dichos son tan controvertidos como éste, en lo que concierne a su origen. Si bien es cierto que su antigüedad en la lengua se remonta, cuando menos, a los días de La Celestina, la célebre tragicomedia de Calixto y Melibea, donde se hace mención de ella bajo el añadido de “calzas de Villadiego”, los autores no se ponen de acuerdo en cuanto a su procedencia. Mientras para unos alude a un determinado tipo de calzones calzas que se fabricaban por entonces en el pueblo burgalés de Villadiego, para otros evoca la figura de un aventurero apellidado de ese modo, de quien tal vez su equivocada conducta lo forzase alguna vez a escapar precipitadamente de un señalado aprieto. Existen otros muchos pareceres no menos contradictorios, pero sea como quiera, el significado de la frase es siempre el mismo: huir, salir de estampida por efecto de una contingencia súbita e imprevista.







martes, 19 de febrero de 2013

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO II PARTE.



ESTO ES JAUJA.

Jauja es una provincia enclavada en el altiplano del Perú, antaño celebre por la fertilidad del suelo y por los privilegios dones de salubridad que se le atribuían. Durante los días de la colonización, fue lugar codiciado de reposo para los enfermos del aparato respiratorio, de donde su fama vino a hacerse legendaria y acabó por llegar a España, traída por los peruleros, o emigrantes enriquecidos en aquel país. La fantasía popular concluyó por identificar a Jauja con el Paraíso, de tal manera que las expresiones “vivir en Jauja y ¡esto es Jauja! quedaron para siempre en los labios de la gente para ponderar cualquier situación de riqueza súbita e imprevista, o de simple abundancia ocasional.

MANTENERSE EN SUS TRECE.

El origen de este dicho ha sido objeto de encontradas opiniones. Mientras para unos procede de la obstinación con que el antipapa español Pedro de Luna, durante el cisma de Occidente, mantuvo sus derechos al solio bajo el nombre de Benedicto XIII, para otros es modismo residual de un antiguo juego de naipes, en el que, a la manera de las siete y media de nuestros días, el número ganador máximo se cifraba en quince tantos; de tal manera que, con frecuencia, el jugador que alcanzaba el trece, por temor a pasarse, rehusaba a pedir nueva carta y se plantaba en ese número. Sea como quisiera, “seguir o mantenerse en sus trece” ha pasado al lenguaje de la calle como sinónimo de terquedad y persistencia porfiada en una opinión o tarea comenzada.

LIAR LOS BARTULOS.

Bártulo, o Bártolo, fue un eminente jurisconsulto italiano que vivió en la baja Edad Media y cuyas obras, comprendidas en trece volúmenes, sirvieron de base de estudio, durante tres siglos, a los estudiantes de toda Europa. Los estudiantes españoles tomaban sus notas de las obras del ilustre tratadista, y una vez concluida la clase, ataban los apuntes por medio de cintas o correas. Al conjunto de estos apuntes se les conocía familiarmente por el nombre de bártulos, de dónde, en el argot estudiantil, la tarea de reagruparlos y atarlos, una vez utilizados, vino a llamarse “liar los bártulos. Y así, por extensión, el dicho acabó por aplicarse también a las disposiciones y preparativos que, por lo regular, trae consigo toda mudanza o cambio de domicilio.

PONERSE LAS BOTAS.

Hubo un tiempo en que el calzado era signo distintivo de la clase social a que pertenecía el individuo; hasta el punto de que entre los romanos y bizantinos existían normas muy estrictas en ese sentido. De hecho, aquella distinción se mantuvo a lo largo de muchos siglos, de tal manera que mientras las botas eran de uso privativo de los caballeros opulentos, el zapato bajo estaba reservado al pueblo llano. De ahí nació el dicho “ponerse las botas”, utilizado para poner de manifiesto la mudanza de quien, por virtud de un golpe de fortuna, accedía al uso de las botas. En la actualidad, el dicho conserva análogo sentido, bien que referido al que, por su laboriosidad o astucia, consigue sacar pingüe provechoso de alguna cosa.

PONER LOS PUNTOS SOBRE LAS IES.

Cuando en el curso del siglo XVI fueron introducidos los caracteres góticos en la escritura común, algunos copistas adoptaron la costumbre de poner una tilde sobre la i minúscula, para evitar que la presencia repetida de esta vocal pudiese ser confundida con la u. Pero tal innovación no fue del agrado de todos, por lo que, para los discrepantes, hacerlo así, esto es, “poner los puntos sobre las íes”, no pasaba de ser una prolijidad ociosa, propia de personas excesivamente meticulosas y maniáticas del esmero. Este concepto, sin embargo, andando el tiempo, fue desplazado por el que actualmente tiene: ejecutar con todo detalle lo que hasta determinado momento se hacía de manera imprecisa.


ESTAR A LA CUARTA PREGUNTA.

En los interrogatorios judiciales de antaño era preceptivo formular cuatro preguntas: las tres primeras relativas al nombre. Edad, estado, nacionalidad y credo religioso del deponente, y la cuarta y última, referida a las posibles rentas o bienes del encausado. Cuando la vista concernía a persona desheredada, ésta, naturalmente, respondía siempre negativamente, declarándose pobre de solemnidad, y si acaso el juez, deseoso de aclarar algún extremo, insistía por ese lado, el interesado declaraba atenerse, o lo que es lo mismo, “estar a la cuarta pregunta”. La expresión vino así a hacerse homóloga, en el lenguaje corriente, del estado de indigencia o suma pobreza en que se halla una determinada persona.





jueves, 31 de enero de 2013

ORIGEN DE DICHOS FAMOSOS DEL IDIOMA CASTELLANO I PARTE.





SABER MAS QUE LEPE.

En 1641 nace en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) Pedro de Lepe y Dirantes, hombre dotado de gran inteligencia y cuyos vastos saberes habrían de granjearle imperecedera fama. Fue obispo de Calahorra y de la Calzada y dejó escritas importantes obras apologéticas, que le valieron el honor de ser incluido en el Catálogo de Autoridades de la Lengua. Dada la fama popular que gozó en vida la sabiduría de este prelado, surgió el dicho ponderativo “saber o ser más listo que Lepe”, como imagen de perspicacia y astucia.

¡VIVA LA PEPA!

La primera Constitución española fue jurada en Cádiz en 1812. Pero dos años después, al restablecerse el absolutismo merced a la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, el rey Fernando VII la abolió, y el grito de ¡Viva la Constitución! Quedó severamente prohibido. Los liberales no se resignaron y dieron en llamarle “La Pepa”, puesto que había sido promulgada justamente el día 19 de marzo, festividad de San José. Con lo que el grito de ¡Viva la Pepa! Vino a encubrir traviesamente el ¡Viva la Constitución!, considerado subversivo. Andando el tiempo, el grito perdería toda intencionalidad política para pasar a ser pura expresión de desenfado y regocijo, tal como hoy la utilizamos.

TOCARLE A UNO LA NEGRA.

La práctica de las suertes tiene remota ascendencia. En la antigua Grecia y después en Roma, la elección de cargos públicos solía confiarse al azar, mediante el sistema de extracción de de (bolas o pedacitos de madrera marcados), por los que se creía que se expresaba el oráculo. En estas prácticas, las bolas blancas representaban la suerte venturosa, y las negras, la suerte adversa. Este significado mágico de las suertes se ha mantenido a través del tiempo y de él dilema la expresión “tocarle a uno la negra”, con que en el lenguaje usual se señala el infortunio de alguien en cualquier cosa determinada por el azar.

APAGA Y VAMONOS.

Al decir de la fama, este dicho tuvo su origen en un lance tan peregrino como irreverente. Sucedió al parecer, hace siglos, en el pueblo granadino de Pitres. Dos clérigos, aspirantes ambos a una capellanía castrense, dieron en apostar un día sobre cual sería capaz de decir la misa en menos tiempo. Dispusiéronse a ello, y como uno oyese al otro principiar diciendo “Ite, missa est” fórmula litúrgica que precedía a la bendición final, el rezagado, vuelto hacia el monaguillo, exclamó, expeditivo: “Apaga y vámonos! El pintoresco dicho ha quedado como expresión de pasmo ante cualquier hecho absurdo y disparatado, y también como rúbrica expresiva de que algo toca a su fin.

ME LO DIJO UN PAJARITO.

Las aves siempre han tenido fama de ser portadoras excepcionales de buenas o malas noticias. Tanto en la Biblia como en la literatura clásica abundan alusiones que así lo certifican. El arte de predecir el el futuro por el vuelo y el canto de los pájaros, es una muestra antiquísima de esa creencia. Otra, más próxima a nosotros, está representada por las palomas mensajeras, que tan valiosos servicios han prestado siempre en las tareas de información. Todo ello explica la antigüedad de la frase “me lo dijo un pajarito, con la que solemos encubrir jocosamente el conocimiento de alguna noticia llegada hasta nosotros por vía confidencial.

MANDAR A LA PORRA.

En la antigua ordenación militar, el tambor mayor del regimiento portaba un largo bastón, muy historiado y con el puño de plata, al que se conocía con el nombre de porra. Era hincado en un lugar determinado del campamento y señalaba el punto a que debía retirarse todo soldado sancionado con arresto. ¡Vaya usted a la porra! Ordenaba sencillamente el oficial. Y el soldado, en efecto, se trasladaba sin más al lugar donde estaba clavado el bastón. Y aun cuando andando el tiempo fue suprimida esta forma de arresto, la frase quedó incorporada para siempre al lenguaje de la calle, si bien con la carga despectiva con que hoy se utiliza.